Jaime adula a su padre para lograr regalos. A miles de kilómetros, el pequeño Li Ying, experto en hacer la pelota, cose cuero de sol a sol.
Mostrando entradas con la etiqueta niño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta niño. Mostrar todas las entradas
martes, 27 de septiembre de 2016
sábado, 27 de agosto de 2016
EL PARQUE DE ATRACCIONES
Donde todos ven un solar atestado de escombros, él supo encontrar un fabuloso parque de atracciones.
miércoles, 6 de julio de 2016
DE BORRACHOS Y NIÑOS
"Solo los borrachos y los niños dicen la verdad". Así que, superada la edad, pidió otra copa y dejó el periodismo.
miércoles, 25 de mayo de 2016
SU PRINCIPAL ENEMIGO
Cada vez que sus padres se sentaban frente a él sabía que era augurio de nefastas noticias. En aquella ocasión, el tono didáctico y conciliador, casi de negociador de conflictos internacionales, descartó que la charla fuera efecto de una causa generada por su inconsciencia infantil.
Sus padres le hablaron de cambios, de compartir cuarto, juguetes y afectos. De una visita para toda la vida a la que querer y cuidar. De todo aquello, él solo sacó una conclusión: se acercaba el enemigo
Asumió resignado la llegada, al tiempo que replanteó su estrategia en la guerra de guerrillas de su particular insurrección infantil en busca de acaparar la atención de sus progenitores. Cuando apenas faltaban unos días, creía estar preparado. Sabía que el rival era difícil de vencer pero sus cuatro años le daban la experiencia necesaria como para sortear aquel inminente peligro.
Por fin, llegó el día."Ha venido antes de lo previsto", pensó cuando sonó el timbre y se le agarraron los nervios al estómago. Tardó en poder estar a solas frente a él. No había tiempo que peder. Debía ser muy rápido. Se aseguró de que no había miradas indiscretas y lo lanzó al inodoro.
No estaba dispuesto a que aquel teléfono de última generación, que su padre había comprado con la excusa de tener las mejores fotos y vídeos del recién nacido, acaparase aún más atención que los móviles, las tabletas y los ordenadores que ya había en casa. No estaba dispuesto a que se convirtiese en su principal enemigo, y el de su hermano.
jueves, 29 de mayo de 2014
CINCO
En su pequeño universo, Samuel era incapaz de asimilar
todo aquello que iba más allá del cinco. Sabía contar hasta el diez de
carrerilla, pero pasado el cinco no era consciente de si aquello era mucho o
poco, y cambiaba con frecuencia el orden de los números, convirtiendo aquel
ejercicio de memoria en un personal caos numérico. Sabía que tenía cinco dedos
en cada mano y otros tantos en cada pie, que había cinco peluches sobre su
cama, que había que subir cinco escalones para entrar en el colegio, y que el
coche de mamá tiene cinco marchas y cinco ruedas, cuatro puestas y una
escondida. Samuel pensaba que solo se podía tener cinco amigos, y al que se
acercaba cuando el cupo de amistades estaba lleno lo miraba con recelo. Las
tardes de paseo, le gustaba contar coches, cada vez que contaba cinco volvía a
empezar. Para él todos los edificios tenían cinco plantas, el resto formaba
parte de un infinito inabarcable para sus prematuras entendederas. Y su madre
era incapaz de entender por qué cuando compraba media docena de huevos, al poco
de meterla en la nevera, siempre aparecía uno fuera de la caja.
Con cuatro años y medio, Samuel empezó a pensar que cuando cumpliese cinco
todo se acabaría. Aquella época coincidió con la muerte de su abuelo, que ya
había cumplido cincoymuchos. Fueron semanas de noches largas en las que, desde
su cama, escuchaba a su madre llorar a escondidas. Lo que más miedo le daba a
Samuel era aquel no saber qué pasa cuando todo se acaba.
La noche previa a su quinto cumpleaños, Samuel dejó nervioso que la rutina
diaria pasase. Quedó confuso cuando su madre se limitó a darle un beso de
buenas noches. “¿Solo un beso, ni siquiera una lágrima o un te voy a echar de
menos? ¿Se te ha olvidado que mañana cumplo cinco años? ¿No recuerdas que mañana
cuando te levantes se habrá acabado todo?”, pensó mientras se cerraba la puerta
de su cuarto y se despedía para siempre de sus cinco peluches aprovechando el
último resquicio de luz que llegaba desde el pasillo.
Por la mañana, se sorprendió al comprobar que seguía teniendo brazos y
piernas, que podía moverse, incluso levantarse de la cama. Le agradó ver que
sus cinco muñecos se habían decidido a acompañarle en aquel viaje. Al abrir la
puerta de su habitación escuchó al final del pasillo a alguien moviéndose en la
cocina. Entró con cautela y se le dibujó una enorme sonrisa al encontrar a su
madre moviéndose de un lado a otro, tomándose apresuradamente una taza de café
mientras colocaba sobre la mesa su desayuno. “Todavía estás así. Venga Samu,
desayuna rápidamente y cámbiate, que tengo mucha prisa y llegamos tarde al
cole”, le recriminó con más prisa que contundencia.
-Sabes mamá, no te preocupes más por el abuelo. Está bien. En realidad,
estar muerto no es tan diferente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
