Pasa la jornada en la estación, anotando los destinos que desaparecen del panel de salidas, y al final del día repasa la lista de trenes perdidos.
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viernes, 11 de noviembre de 2016
miércoles, 19 de octubre de 2016
EL CUÑAO DE MI CUÑADO
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El cuñao de mi cuñado prepara con primoroso virtuosismo cada viaje. Compra planos y guías, pasa semanas acumulando información sacada de wikipedia y pesa cada prenda de ropa para no superar el peso al facturar, zapato cerrado, calzado cómodo, sandalias, ropa deportiva, algo más de vestir, nunca falta una rebequita cuando viaja al Caribe, por si refresca, ni unas bermudas cuando visita el norte de Europa, por si sale bueno, el cargador del móvil, el de la tableta, el del portátil, el del ebook, la batería externa, y un cuaderno por si se queda sin batería... Pero lo que me sigue entusiasmando es que, cuando solicita asiento en el avión, continúe insistiendo en pedir plaza en la bodega, confiando apretarse un buen reserva antes de tomar tierra.
EL CUÑAO DE MI CUÑADO (entregas anteriores)
jueves, 6 de agosto de 2015
ESCALA DE GRISES
En este viaje, con cada
estación busca un futuro que deje atrás una primavera de alergias y colores que
le abruman hasta el hastío. Baja en la última parada y, en el final del
trayecto, se apodera de él el aire espeso de la estación. Un mozo desdentado,
de guardapolvos raído y rostro macilento se ofrece a cargar su maleta. En la
calle, con la puerta de la estación a su espalda, le atrapa un paisaje de
sólidos edificios de hierro y hormigón bajo una nube espesa de lluvia y
hollines. A su alrededor, coches oscuros y un ejército de viandantes
uniformados con trajes grises y gafas oscuras. Un ruido mudo y denso se apodera
de sus oídos y se percata de que las mangas de su chaqueta empiezan a perder
color. Se da la vuelta para intentar huir, pero la estación es ahora un solar y
el mozo le pide con un gesto que le siga mientras arrastra la maleta hacia su
destino.
miércoles, 28 de mayo de 2014
LA MALETA
-Mi
maleta. Le digo que quiero saber dónde está mi maleta. Acabo de llegar de viaje
y necesito mis cosas. En la maleta tengo toda mi ropa, documentos importantes y
mi medicación, y no ha aparecido en la cinta de equipajes... Nada... No hay
manera... Do you speak
english? Parlez-vous
français? -Contaba con que la barrera
idiomática me causaría algunos problemas, pero no tantos ni tan pronto.
Opté
por comunicarme a través de gestos. Afortunadamente, no tardé demasiado en
hacerme entender. Señalé la maleta de otros viajeros que habían tenido más
suerte que yo, y con una lamentable actuación de mimo desahuciado logré que mi
apático interlocutor cambiara el gesto y me pidiera que me acercase al
mostrador. Cogió el billete y tecleó el identificador del pasaje. Tras apretar
el intro del teclado sonrió y empezó a asentir. Giró levemente la pantalla y me
enseñó la línea en la que se podía leer: "Flight: Arrival... Baggage:
OK".
-Eso
es imposible. Mi maleta no ha venido en este vuelo. Me he quedado hasta que ha
salido el último bulto por la cinta y no estaba la mía. Mi maleta no está
aquí-. Mi queja desesperada no tuvo más réplica que un rostro de nuevo
impenetrable del que, sabía, no iba a obtener nada más allá de aquel “OK” que
reflejaba la pantalla.
Cuando
emprendí este viaje, elegí decididamente aligerar recuerdos y reducir el
presente a lo que entrase en aquella maleta: algo de ropa, dinero y los
documentos cuya ausencia me atan a este aeropuerto en el que nadie se queda
menos yo.
Consumidas las divisas y
agotados los medicamentos de mi escaso equipaje, el ambiente turbio de la zona
de tránsito no ayudó cuando la tos se agarró al pecho con ganas de alojarse
para siempre en el pulmón. A pesar de todo, cada día cumplía sumiso con mi
rutina de reclamar el equipaje hasta acumular cientos de hojas amarillas,
escritas cada vez con más desidia, sin obtener noticia de una maleta que,
según aquel ordenador, estaba ya en mi
poder.
Aquí todos los días son
iguales. No podría especificar cuánto tiempo ha pasado desde que bajé de aquel
avión hasta ahora que me suben a esta ambulancia. Y desde aquí, tumbado en esta
camilla, frente al cartel que hay sobre la puerta central del aeropuerto, acabo
de descubrir que la maleta sí había llegado a su destino.
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