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jueves, 27 de octubre de 2016

EL ASESOR: Diario de campaña

64. La investidura… otra vez



El Asesor, Juan Cuadrado, se ha pasado la noche con el hormigueo en los dedos que da escribir el discurso definitivo para su líder. Un texto para una investidura de aplausos tibios y pocas ganas, un argumentario que quede natural pero contundente, conciliador sin caer en el servilismo, y ameno aunque riguroso.

Después, que el discurso quede natural y convincente en tribuna depende de las capacidades oratorias del secretario general del PIRLA, un aspecto en el que Cuadrado no acostumbra a tener demasiada confianza. Por su experiencia, sabe que cuando le permites a un político salirse del corsé que le has diseñado, simplemente, la caga. Para esta ocasión, Cuadrado ha descartado recursos tan socorridos como pedir un receso para ir al baño, ponerle un pinganillo en el oído o hacerle llegar un papelito con un sucinto “Cállate”.

Esperando que el candidato cumpla con los mínimos de, al menos, leer con soltura su trabajo y, dando por perdidas réplicas, dúplicas y alusiones, hasta que llegue su turno, El Asesor dedica el día a bucear entre prensa, buscavidas y señorías que pasillean por el Congreso, confiando en que hoy arranque la legislatura que le encumbre.



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miércoles, 29 de junio de 2016

ACAMPADA

Indignado por los resultados, se dedicó a quemar papeles antes de abandonar el despacho en el que había acampado durante tres legislaturas.

sábado, 18 de junio de 2016

EL ASESOR: Diario de campaña

22. Besos y tetas

El candidato, que siempre había sido más de muslo que de pechuga, ahí estaba, acariciando ubre por obra y gracia del Asesor y sus innovadoras técnicas de marketing y comunicación. Aunque al candidato a veces le costase salir de su corsé conservador, tenía que reconocer que estaba harto de que cada vez que salía a la calle en campaña: niño que besaba, niño que se iba a por un globito al expositor de sus contrincantes... y lo mismo debía pasar últimamente con los padres de las criaturas. Pero desde que Juan Cuadrado llevaba su campaña los padres le acercaban a sus herederos con más fervor que un almonteño intentando encaramarse al palio rociero.

Y ahí estaba él, en una situación más inquietante que el tupé de Donald Trump, asumiendo que también se pueden ganar votos tocando teta. "Lo que no le perdono a este Cuadrado es que me haga mitinear en un establo a casi cuarenta grados y con una vaca entre las manos que me empieza a mirar con ojos golosones después de este ratito de intimidad".

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viernes, 17 de junio de 2016

EL ASESOR: Diario de campaña


21. Andanadas de hostias

El candidato, que había aceptado con cierto recelo la propuesta del Asesor, no tardó en comprobar que, las dudas sobre los documentos mostrados, las críticas y el rechazo que manifestaban algunos medios eran directamente proporcionales a la adhesión inquebrantable que mostraban otros.

-Cuadrado ¿Y ahora qué?

Cuando el líder del PIRLA formuló la pregunta, hacía rato que se había convertido en una marioneta en manos de Juan Cuadrado, el Asesor. -Ahora a la calle, a dejarse querer sin complejos. Que la gente sepa que no pueden contigo. He organizado un mitin informal. Ahora se lleva mucho esto de dar discursos subido al banco de un parque, en un corral de gallinas o sembrando tomateras.

Y en las calles, el candidato vivió en primera persona las mismas filias y fobias que había visto en los medios. Selfies, palmaditas en la espalda, jaleos y aplausos que convivían sobre los adoquines con miradas de recelo y algunos improperios para los que el candidato había sido adiestrado para responder con indiferencia y una amplia sonrisa.

-Jefe, allí, en ese bar. ¿Recuerdas el texto? Entra, te presentas, te subes a una silla y les sueltas el rollo. Que no se te olvide ser cercano y natural. Muy natural.

El candidato obedeció sin rechistar y entró con paso firme en El Tropical, un local de bayeta sucia, ventilador lento en verano y estufa incapaz en invierno, donde las moscas merodean la vitrina de olivas, los boquerones flotan en vinagre rancio y el mismo vaso presta servicio toda la jornada.

Le sorprendió que aquella enumeración de promesas electorales sobre prestaciones a la maternidad, sobre conciliación familiar y laboral, y sobre su reforma educativa interesase de aquel modo a aquel grupo de jubilados que le miraban con toda su atención. Cuando terminó, lanzó el guante a los potenciales electores: “Tengo que reconocer que me encanta tener delante un grupo de ciudadanos comprometidos, preocupados por temas sociales que no siempre tienen que ver con su situación personal. Bueno, y para terminar, ¿alguien tiene algo que decirme?”.

Manolo, el dueño de El Tropical levantó la mano detrás de la barra. “Que como meta gol la Selección y sigas con la almendra delante de la tele te van a llover andanadas de hostias.




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martes, 1 de septiembre de 2015

EL POLÍTICO EN CIERNES

En el curso para afianzar el ideario del partido, el político en ciernes no podía imaginar que el instructor iba a ser un loro.