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viernes, 16 de septiembre de 2016

CAMBIO DE TERCIO

Con más tres lustros en los ruedos, el torero retirado no se resigna a abandonar la afición y ha cambiado el cambio de tercio de Las Ventas por el de los bares.


sábado, 12 de julio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS LV



Con un ejército de desoficiados, acostumbrados a encontrarse con el repartidor del pan más por robarle horas a la noche que por escuchar el despertador, Manolo solo abre el Tropical antes de las ocho en Sanfermines.
Cuando sube el cierre ya tiene a los incondicionales de los encierros que, en fila de a uno, van entrando, cogen uno de los periódicos gratuitos que Manolo acumula con desgana junto a la puerta y, con el diario enrollado, ocupan su sitio frente al televisor.
Cumplen con el rito de cantar tres veces al Santo en forma de estampita desgastada que Manolo coloca ante la tele. Y, a golpe de chupinazo, emprenden su frenética carrera: en la cuesta de Santo Domingo escuchan tronar de cascos contra los adoquines y los ven venir, enormes y cornalones. En los tramos del Ayuntamiento y Mercaderes, muchos corredores, que les obligan a avanzar a ciegas. En Estafeta, El Marqués pierde pie y El Titi consigue coger toro con el que se ha quedado suelto al caer en la curva. En Telefónica, apenas les quedan pies para llegar a la cuesta abajo que lleva al callejón. Antes de entrar en la plaza el jabonero se revuelve y un colorao ojoperdiz alcanza a un corredor que zarandea junto a ellos. El Titi ve el pitón dentro del muslo de un compañero y colea al morlaco para que le suelte. Por fin, con los toros en la plaza, respiran profundamente y comentan los momentos de peligro en busca de un café y un carajillo que les hagan aguantar el madrugón hasta la siesta a la hora en la que los de purSiempre oro. Un ejército de desoficiados, siempre con la esperanza de, algún día, conocer Pamplona aunque sea desde la talanquera.

viernes, 4 de julio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS LIV

Manolo el de El Tropical tiene la exclusiva para quedarse con los rabos de los toros lidiados en los festejos taurinos de la ciudad. Durante la faena, Merodea por el patio de caballos, más preocupado de que las maniobras de los mulilleros no malogren el género que de los pases de los maestros en el albero. Y con cada res que cae se encomienda a lo Más Alto para que ningún diestro se cobre trofeos que vayan más allá de las dos orejas y la vuelta al ruedo.

Por la noche, con el bar ya vacío, y como si se tratase de un ritual: se encierra en la cocina, saca el viejo recetario de su abuelo y se encomienda a los ancestros mientras mete en la perola aceite, cebolla, ajo, pimentón...

Horas más tarde, las ojeras de Manolo abren El Tropical. Cuelga en la puerta el cartel que escribió su abuelo hace más de cinco décadas para promocionar las excelencias de su producto estrella, y espera el goteo de parroquianos en busca del mejor rabo de toro de la ciudad.

Cada vez que hay toros, El Tropical se convierte en una fiesta de barquitos de pan en la salsa y tuétanos chupados. Pero el dueño de El Tropical no podía imaginar que aquel día de julio, tras una del Ventorrillo, el gris de su local iba a servir de fondo para cientos de arco iris, risas y cuerpos que nada tenían que ver con los que pisan habitualmente su bar.

Desde una esquina, Ángelines La Boletos informaba a gritos: "Manolo, que se te ha llenado el bar de maricones". Los recién llegados, al ver a Angelines, la toman por la travesti pesada incapaz de sacarse el "maricón"  de la boca y siguien con la fiesta.

Manolo, al otro lado de la barra y todavía abrumado por la afluencia de público, termina por interesarse del porqué del inusitado éxito de la receta familiar.

-Todos hemos entrado esperando que sea verdad lo que pone el cartel –le contesta con una enorme sonrisa uno de sus nuevos clientes ante la carcajada unánime del resto del bar.

Entonces, Manolo vuelve a leer el cartel, incapaz de sacudirse la inocencia con la que un nieto admira algo hecho por su abuelo: “El mejor rabo, aquí”.  Y piensa: "Vamos, por lo mismo que vienen todos estos desde hace años. Bueno, todos menos La Boletos, que lo único que busca es el empujón que nadie le quiere dar".

viernes, 6 de junio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS L



En esa suerte de politeísmo suburbial que profesa la parroquia de El Tropical, Mágico González, Camarón y el inventor de la tortilla de patatas comparten cera de altar con El Cordobés, Joselito y José Tomás.
En el bar, el ABC solo se compra los lunes para leer las esquelas y las reseñas de Zabala. Y aunque Manolo siempre ha querido tener la cabeza de algún buen morlaco lidiado en Las Ventas colgando de la pared, nunca ha tenido ni la ocasión ni el dinero para conseguirlo y se excusa diciendo que "en este local ya hay bastantes perchas sentadas en las mesa, como para meter más".
Las tardes de toros en las que El Titi se cuela en el callejón de la mano de un monosabio cuñado de El Chimenea, se viste el alma de purísima y oro. Y de vuelta en El Tropical pone banderillas a las olivas, torea de salón con las servilletas y se deja rodear por el humo con olor a rico que desprenden los cigarrillos liados con las colillas que recoge en la barrera de Las Ventas y su tabaco de negro comprado a granel.
Cuando todos blasfeman al hablar de los antitaurinos, El Titi sentencia: "Yo no pierdo un segundo en discutir con esta gente".
-Di que sí Titi.
-No pierdo el tiempo con ellos porque tienen razón. Los toros son una barbaridad y tendrían que prohibirlos. Pero a mí me gustan tanto que mientras lo hacen no puedo dejar de ir.