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viernes, 18 de marzo de 2016

EL TITI Y EL MARQUÉS

En un mes tan literario como abril está previsto que vea la luz en formato ebook Venturas y Desventuras de El Titi y El Marqués. Un retrato canalla de dos buscabidas que pasan la suya en El Tropical, un local cuyo catálogo de personajes convierte la rutina en extraordinario virtuosismo.

Para abrir boca, la portada y el primer capítulo de esta micronovela.



I

El Titi y El Marqués se conocieron en un bar de perdedores. El primero celebraba a golpe de sol y sombra que acababa de conseguir una baja permanente. Una forma como otra cualquiera, pensaba, de vivir sin trabajar. El Marqués había malvendido las últimas joyas de la abuela para alquilar un piso en el barrio de El Titi en el que poder subsistir.
El Titi, fanfarrón y buscavidas, recogía restos de puros en Las Ventas para liar cigarros con los que oler a humo de rico en las partidas de mus.
El Marqués, genio y figura, le pedía al camarero del Ritz que le diese “una pataita al olivo pa acompañar la caña de las doce”.
El Titi es cliente del mes en los locales con neón de las periferias, y fanático del güisqui barato y la voluptuosidad embutida en lencería de mercadillo. En los clubes, da en el tobillo a las stripers con un billete entre los dedos, y cuando las chicas se agachan a por la recompensa guarda el papel e intenta colarles monedas en las braguitas.
El Marqués aún recuerda las casas de alterne en el centro, el Moet Chandon de las meriendas y las jovencitas que se costeaban la Universidad con sus visitas.


viernes, 8 de agosto de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI T EL MARQUÉS LVII



En verano, Manolo echa el cierre por vacaciones sin previo aviso. De madrugada, antes de que lleguen los primeros al Tropical en busca de asilo, pega un cartel que informa de las fechas de descanso y se esconde un par de semanas detrás del cierre de su local. Con existencias en el bar como para morir antes de cirrosis que por los efectos de un ataque nuclear. En el barrio, todos saben que esas dos semanas Manolo se esconde detrás del cierre, esquivando las miradas de horfandad que se asoman desde la calle a través de las venecianas de los ventanales.

El resto, deambula sin destino por la plaza del Tropical, arrancando hojas del calendario mientras asedian el local esperando que llegue la fecha escrita a mano por Manolo en la sentencia que les deja sin casa durante dos semanas al año.

Cumplido el plazo, el Tropical se sacude el olor a cerrado recuperando su rutina de carajillo, mus y café cargado mientras Manolo repite hasta el hartazgo la misma letanía de todos los años: "Da gusto volver al trabajo para descansar".

sábado, 12 de julio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS LV



Con un ejército de desoficiados, acostumbrados a encontrarse con el repartidor del pan más por robarle horas a la noche que por escuchar el despertador, Manolo solo abre el Tropical antes de las ocho en Sanfermines.
Cuando sube el cierre ya tiene a los incondicionales de los encierros que, en fila de a uno, van entrando, cogen uno de los periódicos gratuitos que Manolo acumula con desgana junto a la puerta y, con el diario enrollado, ocupan su sitio frente al televisor.
Cumplen con el rito de cantar tres veces al Santo en forma de estampita desgastada que Manolo coloca ante la tele. Y, a golpe de chupinazo, emprenden su frenética carrera: en la cuesta de Santo Domingo escuchan tronar de cascos contra los adoquines y los ven venir, enormes y cornalones. En los tramos del Ayuntamiento y Mercaderes, muchos corredores, que les obligan a avanzar a ciegas. En Estafeta, El Marqués pierde pie y El Titi consigue coger toro con el que se ha quedado suelto al caer en la curva. En Telefónica, apenas les quedan pies para llegar a la cuesta abajo que lleva al callejón. Antes de entrar en la plaza el jabonero se revuelve y un colorao ojoperdiz alcanza a un corredor que zarandea junto a ellos. El Titi ve el pitón dentro del muslo de un compañero y colea al morlaco para que le suelte. Por fin, con los toros en la plaza, respiran profundamente y comentan los momentos de peligro en busca de un café y un carajillo que les hagan aguantar el madrugón hasta la siesta a la hora en la que los de purSiempre oro. Un ejército de desoficiados, siempre con la esperanza de, algún día, conocer Pamplona aunque sea desde la talanquera.

viernes, 4 de julio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS LIV

Manolo el de El Tropical tiene la exclusiva para quedarse con los rabos de los toros lidiados en los festejos taurinos de la ciudad. Durante la faena, Merodea por el patio de caballos, más preocupado de que las maniobras de los mulilleros no malogren el género que de los pases de los maestros en el albero. Y con cada res que cae se encomienda a lo Más Alto para que ningún diestro se cobre trofeos que vayan más allá de las dos orejas y la vuelta al ruedo.

Por la noche, con el bar ya vacío, y como si se tratase de un ritual: se encierra en la cocina, saca el viejo recetario de su abuelo y se encomienda a los ancestros mientras mete en la perola aceite, cebolla, ajo, pimentón...

Horas más tarde, las ojeras de Manolo abren El Tropical. Cuelga en la puerta el cartel que escribió su abuelo hace más de cinco décadas para promocionar las excelencias de su producto estrella, y espera el goteo de parroquianos en busca del mejor rabo de toro de la ciudad.

Cada vez que hay toros, El Tropical se convierte en una fiesta de barquitos de pan en la salsa y tuétanos chupados. Pero el dueño de El Tropical no podía imaginar que aquel día de julio, tras una del Ventorrillo, el gris de su local iba a servir de fondo para cientos de arco iris, risas y cuerpos que nada tenían que ver con los que pisan habitualmente su bar.

Desde una esquina, Ángelines La Boletos informaba a gritos: "Manolo, que se te ha llenado el bar de maricones". Los recién llegados, al ver a Angelines, la toman por la travesti pesada incapaz de sacarse el "maricón"  de la boca y siguien con la fiesta.

Manolo, al otro lado de la barra y todavía abrumado por la afluencia de público, termina por interesarse del porqué del inusitado éxito de la receta familiar.

-Todos hemos entrado esperando que sea verdad lo que pone el cartel –le contesta con una enorme sonrisa uno de sus nuevos clientes ante la carcajada unánime del resto del bar.

Entonces, Manolo vuelve a leer el cartel, incapaz de sacudirse la inocencia con la que un nieto admira algo hecho por su abuelo: “El mejor rabo, aquí”.  Y piensa: "Vamos, por lo mismo que vienen todos estos desde hace años. Bueno, todos menos La Boletos, que lo único que busca es el empujón que nadie le quiere dar".

lunes, 9 de junio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS LI

En el frenopático que es El Tropical siempre hay sitio en su delirante catálogo de personajes para una artista invitada como Angelines La Boletos. Angelines, viuda de banquero tacaño, perdón por la redundancia, se bebió la herencia de un matrimonio sin hijos y, agotadas las divisas, fue incapaz de asumir que tocaba cambiar el cuero del bemeuve por el escay del seiscientos. Buscó sin éxito otra billetera que le financiase los excesos. Y ahora, con un cuerpo tan seco como el carácter, intenta hacer la calle sin fortuna y, resignada, se gana a pulso el apodo cazando incautos que le compren boletos sin premiar y haciendo resúmenes a voz en grito de lo que ha leído en los periódicos que encuentra rebuscando en la basura.
Cuando pasa por El Tropical, Angelines La Boletos sigue siempre el mismo ritual: pide un anís seco bien cargado y una torta de Inés Rosales, se acerca al teléfono del local y llama a alguien a quien le habla a gritos de una actualidad que solo existe en su cabeza.
La parroquia de El Tropical, resoplona y resignada, espera en silencio a que La Boletos termine su resumen de prensa y respiran aliviados cuando abandona el local.
-Manolo, ¿se puede saber cuándo vas a quitar ese teléfono de una puñetera vez? -pregunta El Titi, todavía con el zumbido de los gritos agarrado al tímpano.
-Titi, ese teléfono lleva años sin señal.

martes, 3 de junio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS XLIX



En El Tropical solo se puede hablar de fútbol si es para ensalzar al Cádiz y de política si es día de reflexión.
Y en esa impuesta entente cordiale, todos escuchan con atención y aparente indiferencia cómo abdica un Rey y coronan a un Príncipe sin que nadie les pida opinión.
-Pero, ¿a nadie le interesa lo que está diciendo el Rey? -pregunta El Marqués, entusiasmado delante del televisor, mientras recuerda aquellas jornadas empresariales en las que, haciéndose pasar por un exitoso productor de macrofitas, pudo estrechar la mano del monarca. -Pero, ¿de verdad que a nadie le interesa?
-¿Le importa a él lo que hacemos nosotros? -replica El Titi tirando naipes sobre la mesa con desgana. -¿Y tú Matías? Estás muy callado. Con lo que eres tú con este tema.
Y Matías El Republicano sonríe sin decir nada mientras sacrifica reyes en silencio aunque le vaya en ello la partida.

viernes, 30 de mayo de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS XLVIII




Manolo acostumbra a echar el cierre tarde, cuando ni siquiera los borrachos violentos albergan esperanzas de que su reducida psicomotricidad les permita oponer la más mínima resistencia. Al grito de: "Venga, que ya es hora de que hagáis algo de provecho", Manolo invita de madrugada a salir del local a lo más perseverante de una clientela remolona pero obediente.
Pero una noche se le quedó en el redil una oveja del rebaño, Juanillo El Tridente. A Juanillo le llamaban así porque su culo no había conocido sillón de dentista y, fruto de aquella desidia odontológica, en su boca ya sólo quedaban un paleto de arriba, una muela y un incisivo tan afilado como sus comentarios.
-¿Y a ti que te pasa? Llevas toda la noche ahí arrinconado con cara de perro al que acaban de apalear. Y lo que es peor, sin hacer gasto. Venga, que cualquiera diría que no tienes casa.
-Ya no.
Juanillo permaneció con la cabeza gacha, aferrado a aquel botellín de quinto vacío desde hacía horas.
-¿Y eso?
-El banco.
Manolo no dijo nada. Bajó una botella de DYC y dos vasos del estante, y sirvió sendas raciones largas de segoviano.
-Esto no ayuda, pero falta un buen rato hasta que abra la sucursal y pueda dejarte lo que necesitas.
Juanillo le miró desconcertado.
-Pero Manolo, ¿cómo vas a conseguir tú el dinero? -preguntó mirando la desoladora imagen de un local que solo podía dar pérdidas e insomnios.
-¿Te he preguntado yo cómo lo perdiste tú? Pues calla y bebe, que aquí ya no hay más que hablar hasta que amanezca.